Un día desciende sobre una mujer una idea: el apetito, la disposición, las ganas de hacer de una prenda un hábito en su vestir.

¿Cómo llega esa pieza a su imaginación? ¿Cómo se traza el deseo por esa nueva disposición? ¿Cómo se convierte una prenda o un objeto de vestir en un nuevo ideal para una mujer? ¿En algo que se le antoja y que añora ponerse?

Las tendencias marcan los ritmos de esos deseos. La temporada anterior nos guía hacia una silueta, la actual nos devuelve a una anterior – los ciclos reactivan cosas que se usaron hace poco o que se usaron incluso hace décadas. Pero, ¿cómo se riegan las tendencias? ¿Cómo se dispersan esos patrones? ¿Cómo se convierte algo en objeto de deseo para tantas mujeres?

Las imágenes tienen todo que ver.

Son ellas, sumadas, las que van armando patrones, las que sirven como referencia para cuando una mujer, sola, se para frente a su armario y decide qué ponerse.

En las imágenes se concentran lo que otras mujeres se ponen y lo que nosotras, tal vez, también queramos ponernos. Y cuando una prenda, un objeto, un hábito o una combinación se convierte en un patrón en las imágenes que nos rodean, (y que hoy podemos ver libremente, 24/7, sin limitaciones), el deseo de muchas se enciende.

Comienza, por ejemplo, en las pasarelas. O comienza entre las estrellas del estilo callejero. Y va ganando fuerza entre otras mujeres – blogueras que nos inspiran en la pantalla de Instagram, editoras que interpretan con imaginación lo que ven, modelos que pasean por allí cuando no están activas en sus caminatas poderosas sobre la pasarela. Se vuelve un patrón visual. Lo atrapamos. Y comienza a parecernos algo que podemos desear.

Tal vez si tantas imágenes no tuvieran el patrón, la prenda o el objeto, no consideraríamos usarlo, no los miraríamos en las tiendas, no estaríamos cazando comprarlos. Pero ver tantas mujeres, distintas, con temperamentos de estilo diferentes, en ubicaciones también diferentes, hace, tal vez, que queramos unirnos también al uso de aquella prenda.

Una de las recientes son los fulares finos, los skinny scarves, las bufandas-corbata. Son delgaditas y ligeramente bohemias. Tienen la capacidad de sustituir los efectos de la joyería perfecta. Tienen el aire setentero que se ha vuelto en ideal estético.

Y tienen algo que seduce con fuerza a las mujeres de la actualidad: son versátiles, van con incontables combinaciones y se repiten, además, con frecuencia, entre las imágenes digitales que celebran el estilo que añora la mujer del presente.

Fuente: Blog NAF NAF